La noción de spiritus y de spiritualis
substantia en la Cuestión disputada
de spiritualibus creaturis de santo Tomás de Aquino.
Buenos Aires: Agape Libros, 2013, 414pp.
ISBN: 978-987-640-239-2.
En este libro, basado en una tesis doctoral, el autor estudia un tema importante que ha dado lugar a mucha confusión, a saber, lo que se entiende por la palabra spiritus. El libro comprende siete secciones, de las que la primera presenta una sinopsis de los sentidos atribuidos a spiritus en la Edad Media y de su uso por San
Alberto Magno y la Escuela franciscana. El autor ha consultado su utilización en las obras de Santo Tomás pero, para comprender el rol de lo que el autor llama el sentido médico de la palabra, una referencia a la teoría del pneuma de los estoicos hubiera sido aclaradora. En la Parte II el autor presenta un resumen del contenido de los once artículos de nuestra cuestión, limitándose a los sucesivos corpus articuli.
Taubenschlag ha podido consultar el texto crítico preparado para la edición Leonina, todavía no publicado. Santo Tomás da tres argumentos para la existencia de substancias espirituales, no unidas a un cuerpo, y deja abierta la posibilidad de que las substancias espirituales sean los motores de los cuerpos celestiales (p.89 s).
En la Parte III son mencionadas las fuentes de la cuestión, en particular la obra del Pseudo-Dionisio (16 citas) y Alquero de Clairvaux (el autor del De spiritu et anima, atribuido a San Agustín). En la Sección IV (p.145-252) pasamos a un estudio del término spiritus en el que Santo Tomás responde a las teorías que postulan la existencia de un medio entre el alma y el cuerpo y también hace referencia a los textos en los que spiritus significa el alma subsistente (p. 160s). Para Santo Tomás spiritus tiene una significación doble, a saber, la de una substancia espiritual y la de una realidad biológica (p. 178).
En la Parte IV se muestra que la substancia espiritual es inmediatamente creada por Dios (p. 186s), como también el alma humana que es la forma de un cuerpo. Viene subrayada la subsistencia necesaria de las substancias espirituales creadas (p. 197s). De allí pasamos al estudio de los sentidos de materia. El orden de las substancias y su serie de creciente perfección es considerada a la luz de la jerarquía de los seres según Dionisio. Al final de esta sección el autor habla de los cuerpos celestiales y sus eventuales espíritus movientes.
En la Parte V (p. 253-289) son estudiados los problemas respecto a la existencia de los ángeles (p. 253-289). Avicebron y Guillermo de Auvergne dieron razones para demostrar su existencia, pero se trata de argumentos de conveniencia. Tomás muestra que un alma que necesita la ayuda de un cuerpo para su operación es imperfecta (p. 269). Por fin el autor pone de relieve le doctrina de la continuidad entre los seres. La distinción entre las substancias separadas es una distinción formal.
La naturaleza del alma humana es estudiada en la Parte VI (p. 291-360). El autor señala las correspondencias entre el De anima de Aristóteles y nuestra cuestión pero hay una transición de la física a la metafísica. Las operaciones de las substancias creadas son conocer y amar. Tomás reproduce una frase del Estagirita: la substancia espiritual toca el cuerpo moviéndolo. Viene examinado el binomio motor-móvil y determinado más precisamente la función del alma en cuanto la forma del cuerpo. Taubenschlag escribe que en un cierto sentido, el alma, siendo forma, se llama también un accidente pero esto estriba en una lectura errónea del texto del art. 3, donde se cuestiona de una teoría equivocada de Avicebron. El autor subraya que Tomás concibió el acto no solo como principio determinante de la materia, sino que también como el acto de ser, lo que Aristóteles no había visto porque no conocía la creación.
En la Parte VII del libro se trata de cómo Dios es un espíritu, diferente de los otros espíritus. En Dios el ser y el operar se identifican.
En la Parte IV se muestra que la substancia espiritual es inmediatamente creada por Dios (p. 186s), como también el alma humana que es la forma de un cuerpo. Viene subrayada la subsistencia necesaria de las substancias espirituales creadas (p. 197s). De allí pasamos al estudio de los sentidos de materia. El orden de las substancias y su serie de creciente perfección es considerada a la luz de la jerarquía de los seres según Dionisio. Al final de esta sección el autor habla de los cuerpos celestiales y sus eventuales espíritus movientes.
En la Parte V (p. 253-289) son estudiados los problemas respecto a la existencia de los ángeles (p. 253-289). Avicebron y Guillermo de Auvergne dieron razones para demostrar su existencia, pero se trata de argumentos de conveniencia. Tomás muestra que un alma que necesita la ayuda de un cuerpo para su operación es imperfecta (p. 269). Por fin el autor pone de relieve le doctrina de la continuidad entre los seres. La distinción entre las substancias separadas es una distinción formal.
La naturaleza del alma humana es estudiada en la Parte VI (p. 291-360). El autor señala las correspondencias entre el De anima de Aristóteles y nuestra cuestión pero hay una transición de la física a la metafísica. Las operaciones de las substancias creadas son conocer y amar. Tomás reproduce una frase del Estagirita: la substancia espiritual toca el cuerpo moviéndolo. Viene examinado el binomio motor-móvil y determinado más precisamente la función del alma en cuanto la forma del cuerpo. Taubenschlag escribe que en un cierto sentido, el alma, siendo forma, se llama también un accidente pero esto estriba en una lectura errónea del texto del art. 3, donde se cuestiona de una teoría equivocada de Avicebron. El autor subraya que Tomás concibió el acto no solo como principio determinante de la materia, sino que también como el acto de ser, lo que Aristóteles no había visto porque no conocía la creación.
En la Parte VII del libro se trata de cómo Dios es un espíritu, diferente de los otros espíritus. En Dios el ser y el operar se identifican.
Taubenschlag considera nuestra Cuestión como uno de los más importantes textos que haya escrito Tomás (p. 361). A pesar de muchas repeticiones y de la ausencia de un estudio sistemático de las dificultades, citadas al comienzo de cada artículo, y de las respuestas respectivas, el libro tiene el mérito de llamar la atención sobre la Cuestión disputada de spiritualibus creaturis y de haber contribuido a la aclaración del concepto de spiritus.
L.J. Elders
No hay comentarios:
Publicar un comentario